Los agroindustriales de Villa Clara, mayores productores de crudo del país, sostienen estrategias de trabajo para concluir el actual mes con acumulados que rebasen las 105 000 toneladas, antesala que validará los compromisos de elaboración de azúcar y otros derivados necesarios en el apuntalamiento de la economía cubana.
Yudí Rodríguez Hernández, presidenta del Consejo de Defensa Provincial, durante un recorrido por plantaciones cañeras e instalaciones del ingenio José María Pérez, en Camajuaní, dialogó con trabajadores del sector e insistió en que, a pesar de las adversidades impuestas por el enfrentamiento a la COVID-19, y la carencia de petróleo y otros insumos, la producción de azúcar reclama consagración de las fuerzas involucradas en aumentar los ritmos de cosecha y fabricación.
Una parada coyuntural de las operaciones fabriles ocurrirá en días próximos, originada por la falta de suministros de combustible, ocasión que será aprovechada para efectuar mantenimientos a todos los equipos mecánicos que intervienen en la contienda, y en la arrancada aumentar los de corte de caña y realzar rendimientos industriales que permitan terminar más de 1300 t diarias.
Rodríguez Hernández, miembro del Comité Central del Partido y primera secretaria en la provincia, visitó zonas de corte de los pelotones de combinadas números 19 y 29, integrados a las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC) Chiqui Gómez y Camacho, y sostuvo un intercambio de criterios con trabajadores y directivos. Además, se interesó por las condiciones de trabajo, salariales, de alimentación e higiénico-sanitarias para, en la situación actual, «sostener la batalla desde Villa Clara y por Cuba», dijo.
Andrés Durán Fundora, director de la Empresa Azucarera, añadió que en mayo concluirá la zafra, y en esa fecha se prevé satisfacer el plan de producción, ascendente a unas 147 000 t. También insistió en la posibilidad de lograr un aporte por encima de esa cifra, pero se precisa disminuir el tiempo perdido en cosecha y mantener abastecimientos estables en los seis ingenios, hecho que dejará incrementos en los volúmenes de fabricación de crudo por jornada.
Al concluir el mes hay procesadas unas 67 500 t, dijo Durán Fundora, y se obtienen ritmos positivos en derivados y aportes de energía eléctrica. También se consolida la preparación de suelos y siembra de caña en zonas de la costa norte, y continúan acciones para consolidar los módulos pecuarios en las unidades productoras del sector.
El «José María Pérez», el mejor en la zafra en la provincia, con unas 9500 t entregadas, ya remató el 51,9 % del plan. Ahí continúan envíos de bagazo para garantizar el aporte de refino y otros derivados en «Chiquitico Fabregat», en Zulueta, una de las mejores plantas de su tipo en el país al no usar petróleo durante el proceso de sus terminados, apuntó Eduardo Casanova Pérez, director del ingenio de Camajuaní, abastecedor principal de biomasa a la entidad de Remedios.
En Camacho, luego del informe presentado por Héctor Fidel Santana, director de la unidad de Atención a Productores en Camajuaní, la primera secretaria del Partido en Villa Clara, llamó a un estudio de variedades más azucareras y adecuadas a los suelos del territorio para plantarlas en la zona.
En diálogo con los operadores de combinadas de nueva tecnología, Case II, así como KTP-2M, los pelotones visitados, Rodríguez Hernández se refirió a la necesidad de disminuir los volúmenes de materias extrañas que junto con la caña llegan a los centros de beneficio y al basculador del ingenio. Eso propicia roturas, incide en la calidad del crudo y representa pérdidas monetarias para los colectivos, añadió.
Al término del mes, en Camajuaní el estimado de caña está al 101 %, y ratificaron 141 000 t de la gramínea, aunque la CPA 13 de Marzo y la UBPC Juan Verdecia estuvieron por debajo de sus posibilidades agrícolas. El hecho obliga a superar las 1012 hectáreas de siembra anual, aumentar las atenciones culturales a las plantaciones e incrementar los rendimientos agrícolas, considerados muy bajos.
Señales por doquier advierten el peligro: unas, indican zona roja; otras, un No Pase, pero los valientes de hoy tienen, inevitablemente, que transitar por allí y vencer cuantos obstáculos presente el camino. Visten típicos atuendos, a tal punto que se nos hacen irreconocibles; aunque todos bien protegidos porque la humanidad aguarda por ellos. Tampoco hacen falta imágenes de sus oficios, ya que la grandeza de la obra la llevan por dentro. Sus diarias entregas resaltan a quienes están dispuestos a resistir los contratiempos de la vida, desde el hospital oncológico universitario Dr. Celestino Hernández Robau, que también ha visto las manifestaciones de una pandemia agresiva e indescriptible.
Así comienza esta historia…
Mirielys
Dos años lleva como pantrista en la institución hospitalaria. Comenzó su experiencia en las salas de Cardiología y Terapia Intensiva; sin embargo aún tiene un mal recuerdo del pasado año que no quisiera abordar. Quería brindar su aporte en el enfrentamiento a la COVID-19 con la bondad de lo que sabe desempeñar; sin embargo, las marcadas y continuas tensiones en torno a la enfermedad le causaron una enorme depresión que la alejó tres meses del centro durante el primer momento del SARS-CoV-2.
«Eso lo llevo por dentro, lamento esa etapa en que no pude estar del lado rojo, pero ya estoy aquí. Me siento muy bien, y sobre todo útil porque deseaba ayudar al necesitado».
Mirielys Pérez Ramos conoce de sacrificios. Llega muy temprano, antes de las 7:00 de la mañana porque debe preparar las condiciones exigidas por su trabajo. Limpiar el carrito del pantry, revisar cada uno de los utensilios y recipientes, y enfrentar la labor del día a día.
Los protocolos son rígidos y no admiten descuidos. Primero el desayuno, luego el fregado general y el depósito de los desechos en bolsas especiales antes de realizar el primer baño individual en la jornada.
«En total nos esperan seis baños diarios. En el desayuno, las tres meriendas (mañana, tarde y noche), el almuerzo y la comida. Estos últimos llevan mayores esfuerzos en cuanto a la descontaminación de las bandejas hasta que realizamos el último encuentro con la ducha antes de partir hacia el hogar».
Allí aguardan su esposo, los hijos con 19 y 22 años, y el regalo mayor que tiene la familia a partir del nacimiento de una nietecita, de solo 15 días, que alegra el alma.
Ellos me impulsan a seguir. Soy asmática, hipertensa, pero dichos padecimientos no limitan el amor hacia los pacientes a quienes les doy mucho apoyo. Por la rigurosidad del tratamiento a veces no desean comer. Poco a poco los voy invitando a que se alimenten, y me pongo en su lugar porque los siento como alguien de mi familia».
Mirielys atiende también al personal médico. Reconoce que a distancia de los enfermos se aprende a tributar amor, y sabe que la búsqueda de la excelencia resulta la plataforma primordial para un buen servicio.
O como ella lo define. «Somos eslabones de una gran cadena en la que cada uno tiene su componente».
Lisandra
Muy joven es Lisandra Díaz Herrera. Lleva apenas tres meses de trabajo como auxiliar de limpieza y está de lleno en la zona roja. No oculta sus temores iniciales por la pandemia, porque ¿a quién no le ocurre?; sin embargo, el propio tiempo ha demostrado que si se cumplen todas las medidas de seguridad el recelo disminuye.
Seis salas que pasan en rotación por los turnos laborales, aunque confiesa que su momento más difícil es la entrada al área de peligro, un instante que estremece su anatomía y vence por la necesidad de ayudar al prójimo.
Para enfrentar su labor debe reforzar la cantidad de nasobucos, utilizar dobles gorros, sobrebatas, sin descuidar las botas y el empleo de gafas antes de proceder a la limpieza de las salas, revisar periódicamente el estado de los baños y los pasillos, en turnos de siete horas con días reglamentados de descanso.
Las condiciones sanitarias también le exigen la desinfección individual porque cada vez que sale de una sala debe realizar su aseo. Así una y otra vez, ya que antes de pasar a la próxima se impone el cambio total del atuendo.
Tres hijos y su familia esperan en casa. Ellos comprenden el trabajo de Lisandra, mas a la auxiliar de limpieza le aterra constatar las indisciplinas palpables a diario en las calles. Niños completamente desprotegidos en la vía pública, tumultos en las colas, uso incorrecto de mascarillas… Hechos que provocan el repulso de la joven, quien recalca el máximo cuidado ciudadano ante una afección sin rostro y que no es de juego, como bien aluden los propios pacientes. A pesar de mantener el distanciamiento con ellos durante su permanencia en las salas, esto no impide responderles alguna inquietud si está a su alcance.
n deseo compartido por toda la humanidad prevalece en su mente: que llegue el día en que concluya esta pandemia y aparezca pronto la vacuna. Mientras tanto Lisandra insiste mucho en las acciones familiares destinadas a proteger a la infancia y los ancianos, como grupos muy vulnerables, y que ayuden a disminuir la cantidad de lactantes infectados por el virus, acentuada en este último rebrote.
Quizás al resultar protagonista directa del escenario de la COVID-19 comprenda de más cerca un peligro que quisiera alejarlo de todos.
Roydel
Tiene sobre su espalda la responsabilidad de asumir la jefatura general de Servicios en el «Celestino Hernández Robau». Con pasos ágiles va de una sección a otra, está aquí y allá, y en no pocas ocasiones debe ejecutar acciones inminentes, sin espacio para un después.
Roydel Aldereguía Hernández considera que todo es posible en un colectivo de mucha valía. «Yo diría que en ocasiones resulta anónimo en la esfera mediática, pero sin ellos sería imposible garantizar a plenitud el trabajo de una institución de este tipo».
Y con múltiples razones añade: «¿Se imaginan un hospital sin lavar la ropa? ¿Qué sería de un centro en el que el menú no llegue al enfermo, o que no existan camilleros para trasladar a los pacientes? ».
Entonces recuerda aquel día en que se reunió con su personal al iniciar la pandemia.
«No teníamos experiencia en este tipo de enfermedad. Era nueva para todos y explicamos la importancia de la misión. Somos jóvenes en la mayoría y nunca dudamos de cuáles serían los resultados. Se decidió dividir el hospital en dos bloques, a fin de enfrentar el reto y proseguir la asistencia como institución dedicada a la oncología territorial. Así empezamos en abril pasado; incluso, recibimos portadores del virus de la provincia espirituana y del episodio de transmisión local ocurrido en el Hogar de Ancianos número 3 de Santa Clara.
«Luego de un receso retomamos el trabajo relacionado con la COVID-19 en los primeros días de enero de este año con el tercer rebrote, y si tengo algo digno que destacar es que de los 84 obreros —con predominio femenino— que se desempeñan entre los servicios de lavandería, pantristas, auxiliares de limpieza, camilleros y ascensoristas, más de 36 ofrecieron su decisión voluntaria, desde un inicio, de enfrentar la epidemia y trabajar directamente en función de combatirla».
El resto, por problemas de salud o figurar entre los vulnerables, estaba dispuesto a seguir desde otra trinchera y pasó a la sección de Oncología.
Para los humanos verdaderamente conscientes, cualquier esfera de los servicios en instituciones hospitalarias constituye una vértebra integradora de una gran columna. Un personal sin descanso, de lunes a lunes, y en el que las acciones de lavandería abren sus puertas a las 5:00 de la madrugada cuando aún ni el sol despunta con las primeras luces del alba.
Un hospital que reclama la descontaminación diaria, y que a decir de Roydel Aldereguía: «Velamos por que todos los trabajadores en zona roja utilicen correctamente los medios de protección. Gracias a eso no hemos tenido ninguno contagiado, en función de cuidar la salud de ellos y la de sus respectivas familias que aguardan en casa».
—¿Satisfecho?
—Ni satisfecho ni conforme, pero sí orgulloso del colectivo existente insertado a la realidad cubana. Cuenten siempre con nosotros.
Mirielys, Lisandra y Roydel son rostros en primer plano. Ni médicos, ni académicos ni científicos, mas llevan en su alma el «doctorado» de la dignidad como cualidad más hermosa que engrandece la vida.
La producción de las vacunas cubanas contra la COVID-19 a nivel industrial continúa activa y constante, a medida que también avanzan los estudios clínicos de los cuatro candidatos.
Eduardo Martínez Díaz, presidente del Grupo Biocubafarma explicó, durante un recorrido con la prensa por las instalaciones productivas del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), que en las próximas semanas se pretende comenzar la fase III de los estudios clínicos Abdala y Soberana 02, dado que han demostrado ser seguras y con una potente respuesta inmunológia.
Sobre el primer inyectable, desarrollado por el CIGB, Marta Ayala Ávila, miembro del Buró Político del Partido y directora general de esta institución, señaló que actualmente se fabrica el antígeno que conforma a esta vacuna, en cuyo sistema productivo también participa la empresa Laboratorios AICA.
Jorge Luis Vega, director de producción del CIGB, explicó que las nueve plantas productivas del Centro cumplen con las normas establecidas, y la actual fabricación de este principio activo de Abdala se lleva a cabo con todos los requisitos evaluados y validados por las instancias competentes.
Sobre la fabricación de los candidatos de la serie Soberana, Eduardo Ojito Magaz, director del Centro de Inmunología Molecular (CIM), entidad que desarrolla el principio activo de estos inyectables, afirmó que las 340 000 dosis de Soberana 02 que se necesitan para iniciar la Fase III de su ensayo clínico ya están producidas, mientras se garantizan también las dosis para el ensayo de intervención que se realizará simultáneamente, para evaluar por ambas vías la eficacia de la vacuna.
Esta tercera etapa del estudio de Soberana 02 está lista para comenzar en los primeros días de marzo, una vez que sea aprobado por el Centro para el Control Estatal de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos (CEDMED).
Los Joven Club de Computación y Electrónica (JCCE) como fuente de informatización e información a la familia cubana, celebran el 24 de febrero el Día del Trabajador de la Informática y las Comunicaciones, a través de su participación activa en las redes sociales, divulgando el quehacer diario relacionado con sus servicios y productos tales como Estanquillo, Mochila, Ecured, Ludox, Cursad, donde se ofrecen conocimientos bajo los principios de responsabilidad, originalidad y fiabilidad. Además, mantiene una cooperación con programas radiales y televisivos, como otra vía de comunicación de actividades sociales con la comunidad por su presencia en todos los municipios del país.
Este día se instituye por haberse realizado la primera transmisión radial del Ejército Rebelde por el Comandante Ernesto Che Guevara, al pueblo cubano en el período de la gesta final antes del triunfo de la Revolución.
En estos tiempos de COVID-19, también los JCCE, constituye un lugar más para la comunicación con otros sectores, como la colaboración con las escuelas, para proporcionar a los estudiantes teleclases con lo cual contribuye a mantener las actividades docentes y dar apoyo incondicional a la familia cubana.
Los Joven Club a su vez han realizado convenio con las Universidades del país, un ejemplo de ello es la Universidad Central de las Villas con los Joven Club de la provincia, donde a través del producto Mochila, materiales proporcionados por la Universidad o a través de las diferentes plataformas digitales, estarán a disposición de los estudiantes, para llevar a vías de hecho el curso académico 2021, siempre aplicando medidas para el control de la COVID-19.
Corría el mes de julio cuando me preguntaron por primera vez si quería ser voluntaria en el hospital de campaña de la UCLV ubicado en la sede de la Universidad de Ciencias Pedagógicas Félix Varela. «Sí», respondí, incluso, antes de ponerme a pensar cómo lo diría en mi casa. Recuerdo que caminé hasta la puerta y simplemente lo dejé caer.
Por un lado, estaba mi mamá con sus nervios y preocupaciones, y por el otro yo, que todavía no me decidía. Con la maleta hecha y esperando la llamada de que venían a buscarme, llegó la noticia: Villa Clara llevaba días sin registrar casos de pacientes positivos al coronavirus, y no sería necesaria la incorporación de nuevos voluntarios al centro de aislamiento. Respiré sosegada.
Desde entonces, me mantengo en contacto con mis amigos, los que estuvieron y están hasta el día de hoy en la línea de batalla. Aquellos que, desde hace casi un año, me cuentan sus experiencias y temores en medio del encierro, y ya han sido voluntarios tres veces. Y yo, del otro lado del teléfono, orgullosa y espantada al mismo tiempo, solo puedo pensar en la valía de los jóvenes universitarios de toda Cuba, porque presumir únicamente de los de mi universidad sería poner frenos que el corazón no necesita.
Nelson Daniel Olea García, recién graduado de Cultura Física, me comenta cómo es el día a día allí: «Tenemos mucho trabajo. No hay descanso desde las 6:00 a.m. La colocación de los medios de protección es uno de los momentos más importantes de la rutina, hay que ser extremadamente cuidadosos. No se trata solo de si te contagias o no, sino de que puedes infectar a alguien más de los que están ahí contigo ayudando. Ese es mi mayor miedo todo el tiempo».
Escucho sus audios vía wasap y me digo a mí misma que los comprendo. Busco las similitudes en el discurso. «En mi caso, me incorporé junto a otros 15 jóvenes, tanto estudiantes como profesores. Los 14 días que dura el voluntariado nos organizamos para que cada área funcione adecuadamente. Mi tarea específica consistió en limpiar los cuartos de los pacientes. Era muy difícil, no sabes quién tiene el virus; pero estás allí, tenía que estar allí, porque era lo que me tocaba en ese momento.
«Me cambió la vida, cambió mi pensamiento, entendí la dimensión verdadera del riesgo. Todos los días veía a personas que lucían bien, sin síntomas, y de repente llegaban los resultados y eran positivos. Después de cruzar la línea roja, salir a la calle no vuelve a ser lo mismo», explicó Caridad Pineda Corona, estudiante de Logopedia.
Estos jóvenes no solo han renunciado a la tranquilidad de estar a salvo en sus hogares, sino que han traspasado las barreras de la voluntad y su actitud los coloca a la altura de los tiempos que corren. Cristian Alejandro Acosta Hirola, presidente de la FEU en la UCLV, lo ratifica mientras expresa su gratitud: «Son unos valientes. La mayoría de ellos ya lo hizo anteriormente; desde que se abrió el primer hospital de campaña dieron el paso al frente. No lo pensaron dos veces cuando recibieron el llamado de la FEU, la UJC, el Ministerio de Educación Superior; pero, sobre todo, del pueblo cubano, que necesita de ellos».
La casa de altos estudios ha reconocido la labor de alumnos y docentes cuya entrega y compromiso no podrían describirse con otra palabra que no sea ejemplar. En una de esas ocasiones, la Dra. C. Osana Molerio Pérez, rectora de la institución, expresó en la CMHW:
«Seguimos cumpliendo nuestro encargo social, y somos protagonistas en la batalla contra la COVID-19; de ahí nuestro reconocimiento público a jóvenes estudiantes y profesores que han dado una respuesta increíble, altruista, con disciplina y amor, lo que dice mucho de la calidad humana que caracteriza a nuestra universidad».
Actualmente, funciona el hospital de campaña en la «Félix Varela», otro en el bloque U-1 de la sede central, el edificio de aislamiento institucional en «Los Sauces» —allí cumplen su aislamiento y esperan los resultados del PCR todos los voluntarios—, y se prepara el edificio 900, con 400 capacidades, donde otros 35 jóvenes se presentarán como voluntarios y respaldarán las labores sanitarias correspondientes.
«Es una experiencia que engrandece. He sido un cubano más y he hecho lo que he podido en el momento que me ha tocado. Esta es mi segunda vez en la línea roja, y estaría dispuesto a repetir. Me siento comprometido con mi país, y si me necesitan, sin duda podrán contar conmigo. Seré maestro, y esta etapa de mi vida es de las que más han tributado a mi formación», cuenta Yoanny Hernández Mederos, estudiante de Marxismo-Leninismo e Historia.
Se me hace imposible escribir de este tema sin hacerme eco del inmenso orgullo que siento por haber estudiado en la UCLV, sin mostrarme agradecida con mis compañeros de la FEU, con mis profesores y amigos. Sigo recordando aquella vez en la que casi me convierto en una de ellos.
Días después del primer llamado me volvieron a convocar. Luego de tantos meses encerrada en la casa, la sensación de angustia e inutilidad era insoportable, y lo tuve mucho más claro cuando di el segundo «sí». La posibilidad de terminar mi trabajo de diploma en un centro de aislamiento, y la incertidumbre por no tener una fecha clara para la graduación eran mis únicos frenos. Esa vez tampoco fui al hospital de campaña. Fruto de mi irresponsabilidad tuve que permanecer aislada como contacto de un caso positivo. En ese momento sentí mucha vergüenza, pues tuve que llamar para explicar por qué no podía incorporarme.
Por eso, cuando escucho hablar a los tan reiterados valientes (y es que no hay en el diccionario otra palabra que pueda encerrar lo que quiero decir), cuando se conmueven y escucho su voz agrietada del otro lado del teléfono, las siglas UCLV no alcanzan para expresar el orgullo que me embarga. Pienso en Caridad, y en lo último que me contó:
«Te cuidas muchísimo más, lo vives muchísimo más. Es algo inolvidable, y si la universidad y la provincia necesitan mi ayuda, lo volvería a hacer cuantas veces haga falta. Algunas personas nos preguntaban que cuánto nos pagaban por nuestro trabajo, porque para muchos la palabra “voluntario” no es suficientemente creíble. Pero estar allí, a cambio de nada, a nivel personal tiene un valor inmenso».
Desde hace aproximadamente un año, Jorge Gabriel Díaz Reinoso Instructor del Grupo Municipal en Joven Club de Computación y Electrónica de Los Palacios se ha sumado a la publicación de artículos relacionados con actividades y servicios de su instalación en plataformas digitales de gobierno.
Diversos trabajos se han publicado en la Red Pinar, que es un sitio web correspondiente al gobierno pinareño, difundiendo y promocionando el trabajo que se realiza, dentro de estos se pueden mencionar el actual servicio de alquiler y asistencia informática de la Oficoda, matutinos significativos y las actividades de Geroclub. Actualmente se trabaja en el portal del ciudadano del municipio donde también se atribuirán informaciones del quehacer de nuestros instructores.
La informatización de la sociedad es vital para el desarrollo del país y el Joven Club de Los Palacios juega un papel fundamental en su desarrollo en el municipio, como miembros del Grupo de Informatización palaceño, fomenta e impulsa esta importante tarea sin descanso ratificando su misión y visión principal, que es ser la computadora de la familia cubana.
Se facilitan a los niños(as) la formación vocacional,de manera tal que desde los Joven Club de Computación y Electrónica adquieran habilidades relacionadas con las tecnologías de las Informática,las Comunicaciones y Electrónica (TIC) al mismo tiempo que se prepapran como futuros profesionales.